"Puedes cambiar tu mundo cambiando tus palabras. Recuerda, la muerte y la vida están en poder de la lengua."-Joel Osteen.

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martes, 9 de junio de 2020

EL DESPLAMIENTO FORZARDO COMO GENERADOR DE CAMBIO EN LA CULTURA POLÍTICA DEL CIUDADANO: ESTUDIO DE CASO MEDELLÍN


Por: ANDRÉS CHAVARRÍA OCAMPO

Politólogo Universidad Nacional de Colombia

RESUMEN: Este artículo es producto de una investigación realizada, en el marco del curso de Cultura Política de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas, Universidad Nacional de Colombia; la finalidad de este es plasmar el acercamiento vivido durante el primer semestre de 2014 con la comunidad desplazada del Barrio Villa Hermosa (Comuna 8) de Medellín. Inicialmente se hace una descripción de la problemática del desplazamiento forzado en Colombia a raíz del conflicto interno, posteriormente se hace un acercamiento conceptual a la cultura política, desde las teorías que más se acercan a describir el comportamiento de los desplazados con su entorno político y por último se describe la realidad social de la población estudiada y las conclusiones más importantes que generó esta investigación.

PALABRAS CLAVE: Desplazamiento Forzado, Cultura Política, Participación Política, Derechos Humanos.

ABSTRACT: This article is the result of research conducted in the context of the course Political Culture of the School of Humanities and Economics, National University of Colombia; the purpose of the approach is to capture the lived during the first half of 2014 with the displaced community of Barrio Villa Hermosa (Comuna 8) Medellin. Initially a description of the problem of forced displacement in Colombia as a result of the internal conflict is then a conceptual approach to the political culture is, from the theories that come closest to describing the behavior of the displaced to their political environment and Finally, the social reality of the population studied and the major findings generated by this research is described.

KEYWORDS: Forced Displacement, Political Culture, Political Participation, Human Rights.


1. INTRODUCCIÓN

Uno de los principales retos que tiene el ser humano para poder avanzar como especie racional -lo que se supone es el elemento que posee y diferencia de los demás seres vivos- y por tanto los gobernantes y ciudadanos del mundo en tanto dirigentes e incidentes en el rumbo que tomen sus lugares habitacionales, es acabar con un fenómeno que representa serias violaciones al conjunto de los Derechos Humanos: el desplazamiento forzado. En lo formal se ha avanzado al respecto. Existen cuatro convenios internacionales llamados Convenciones de Ginebra en los que se regulan el Derecho Internacional Humanitario y por tanto también la protección a las víctimas de los conflictos armados. Prácticamente todos los países del mundo están obligados a cumplirlos puesto los han firmado, del lado de Colombia la obligación no es diferente.

El desplazamiento forzado en Colombia ha representado un gran desafío para el Estado en la búsqueda de encontrar una solución duradera a corto, mediano y largo plazo a este problema y atender a la población afectada. La agudización del conflicto armado interno en Colombia y el uso de estrategias de guerra violatorias del Derecho Internacional Humanitario, han expuesto a la población civil a graves hechos de violencia sociopolítica que incluyen amenazas, los enfrentamientos armados, los boleteos, las desapariciones, la tortura, las incursiones armadas, los asesinatos selectivos, las masacres, la destrucción de caseríos y poblados, entre otros. Hechos que obligan a miles de colombianos a desplazarse como única estrategia para conservar la vida (Bello, Cardinal Martín, & Arias, 2000, pág. 13). La población desplaza se convierte en una población vulnerable, toda vez que entra a formas parte de los cinturones de pobreza de las ciudades, desarraigándose de sus costumbres y perdiendo todo índice de sentido hacia lo que significa para el concepto de poder.

2. EL DESPLAZAMIENTO FORZADO EN COLOMBIA

Es oportuno precisar el concepto de desplazamiento forzado, “Es desplazada toda persona que se ha visto forzada a migrar dentro del territorio nacional abandonando su localidad de residencia o actividades económicas habituales, porque su vida, su integridad física, su seguridad o libertad personales han sido vulneradas o se encuentran directamente amenazadas, con ocasión de cualquiera de las siguientes situaciones: conflicto armado interno, disturbios y tensiones interiores, violencia generalizada, violaciones masivas de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario u otras circunstancias emanadas de las situaciones anteriores que puedan alterar o alteren drásticamente el orden público”. Artículo 1º de la ley 387 de 1997.

En Colombia, el desplazamiento forzado “delito de lesa humanidad” es un fenómeno masivo, sistemático, de larga duración y vinculado en gran medida al control de territorios estratégicos. Esta última característica evidencia que, más allá de la confrontación entre actores armados, existen intereses económicos y políticos que presionan el desalojo de la población civil de sus tierras y territorios. Sucede así con el narcotráfico y sus estructuras de financiación, que han sido definitivos en la sostenibilidad y agudización de la violencia sociopolítica en diferentes regiones del país. Por supuesto, no se puede dejar de lado intereses provenientes de sectores empresariales que también han contribuido a propiciar el desalojo y apropiación de importantes territorios (Grupo de Memoria Histórica, 2013, pág. 71).
El desplazamiento forzado en Colombia puede explicarse por diferentes causas: En primer lugar; el conflicto armado como consecuencia del enfrentamiento entre actores armados o entre alguno de éstos y la fuerza pública, cuando la población huye por carecer de las garantías mínimas de protección de su vida e integridad física. Debido a la estrategia de control territorial por parte de los grupos al margen de la ley. En la actualidad existe una nueva forma de

desplazamiento forzado denominado Interurbano, donde las familias son expulsadas de una ciudad a otra por los conflicto por control de barrios (Ibáñez: 2008), consecuencia del traslado del conflicto hacia las periferias urbanas, incluso las hogares pueden ser víctimas de un segundo desplazamiento, Otro de los factores, es la dinámica de desarrollo económico en las regiones, La expulsión de pobladores de su lugar de origen también parece responder a mecanismos de adecuación a las necesidades de producción y acumulación que el capital impone y la estrategia de dominación de los capitales nacionales y transnacionales.

Eric Hobsbawm afirma que la historia de Colombia puede interpretarse basándose en la recurrencia de dos hechos: la colonización permanente y la violencia incesante. No es necesario remontarse a la conquista de América, realizada a sangre y fuego, ni a la época del poblamiento colonial para constatar la observación del profesor. Pero fue durante el siglo XIX cuando esas constantes comenzaron a perfilarse con mayor nitidez y, sobre todo, a gravitar de una manera más vehemente (Segura, 2001:33). 

Las reformas liberales, la reforma de los años 50, las repúblicas independientes, la contrarreforma agraria de los años 70, el aguje de los cultivos ilícitos, hasta llegar a los procesos de desplazamiento de los años 80 y 90, marcan toda una historia que parecería repetirse hasta hoy. Se sabe (Segura, 2001) dice Alfredo molano que el último quinquenio se incrementado año por año y, por tanto, si tomamos como base el promedio de los dos últimos periodos (del siglo XX), pudo haber más de un millón. Es impactante entonces que el estado no haya hecho un censo de habitantes en esa condición durante ese siglo y que solo hasta el año de 1997, apareciera una ley de protección y atención a la población desplazada. Mucho más preocupante es que la ley 1048 (Restitución de tierras y reparación de víctimas), en su apartado de restablecimiento y retorno de desplazados, prevea su aplicación solo a quien se haya desplazada a partir del año 1985, dejándose de reconocer el proceso histórico de violencia y terrorismo de Estado hasta la fecha. Así las cosas, no se consideran sujeto político garante de derechos por parte del Estado, en su condición como víctima de este.

Figura1: Países con el mayor desplazamiento relacionado con conflicto y violencia (Fuente: Semana.com)

Ahora bien, Colombia según el más reciente informe de la ONU y el Consejo Noruego de Refugiados (CNR). Segunda datos recopilados por la revista Semana, de seis millones de desplazados que ha habido históricamente en Latinoamérica, 5,7 millones están en Colombia, el país en la región con más víctimas de ese crimen y el segundo en el mundo después de Siria. La realidad, que empezó en 1960, sigue en aumento y es más que números pues se estima que el desplazamiento forzado ha afectado de manera directa a por lo menos el 12 % de la población colombiana. Tan sólo en el 2013, de los 8,2 millones de desplazados que hubo en el mundo, casi 157.000 fueron en este país.

En Colombia durante el año 2013, del 1 de enero hasta el 31 de noviembre, se observaron 130 casos de desplazamientos de carácter masivo[1] y múltiple[2] , cerca de 28.032 personas desplazadas, pertenecientes a 7.205 familias; para el mismo período en el año 2012, se registraron 44.906 personas desplazadas, pertenecientes a 7.518 familias. Es decir, que comparativamente entre los años mencionados, se evidencia un incremento menor de desplazamientos equivalente a un 37.6%, Es necesario resaltar que no se están incluyendo en este boletín las personas afectadas por desplazamientos individuales que suelen representar desde el año 2010, cerca del 86.7%. Los departamentos en Colombia con mayor número de personas afectadas por los desplazamientos masivos los integran: Antioquia 3.774, Cauca 8.223, Chocó 2.496, Córdoba 1.053, Nariño 5.168 y Valle del Cauca 4.589 (CODHES, 2013, pág. 1).

3. RESPUESTA INSTITUCIONAL FRENTE AL DESPLAZAMIENTO FORZADO

Colombia hace parte como la mayoría de los países de los cuatro Convenios de Ginebra y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) (que también reglamenta la promoción y protección de los DH). Pese a ello el Estado colombiano no ha podido cumplir con lo acordado en estos contratos. Actualmente en Colombia hay 5,7 millones de desplazados según últimos datos de la ONU y el Consejo Noruego de Refugiados (CNR), esto equivaldría al 12% de la población del país, una cifra altamente alarmante por sí sola, ahora comparándolo con el resto de los países del mundo nos deja en un lugar sumamente vergonzoso pues se ocupa el segundo puesto en la lista de Estados con más personas en condición de desplazamiento forzado. 

Tan solo el año pasado hubo 156.918 personas más que tuvieron que migrar de sus territorios. Cabe anotar que el conflicto prolongado es la principal causa de este fenómeno en Colombia: enfrentamientos armados, amenazas directas, reclutamiento forzado de menores, violencia sexual, minas antipersonales, extorsión y atentados contra defensores de derechos humanos, un conflicto interno en el que han participado principalmente tres actores; grupos paramilitares, guerrillas y fuerza pública, aunque no son los únicos.

Frente a este fenómeno el Estado colombiano ha creado y modificado las instituciones que deben atenderlo en diversos momentos. La definición de las características de la población se encuentra en la ley 387 de 1997 en la que se establece como desplazado "toda persona que se ha visto forzada a migrar dentro del territorio nacional abandonando su localidad de residencia o actividades económicas habituales, porque su vida, su integridad física, su seguridad o libertad personales han sido vulneradas o se encuentran directamente amenazadas, con ocasión de cualquiera de las siguientes situaciones: conflicto armado interno, disturbios y tensiones interiores, violencia generalizada, violaciones masivas de los derechos humanos, infracciones al derecho internacional humanitario u otras circunstancias emanadas de las situaciones anteriores que puedan alterar o alteren drásticamente el orden público”. Con la expedición de esta ley, a propósito de las modificaciones en las instituciones a cargo, se creó el Sistema Nacional de Atención Integral a la población desplazada (SNAIPD) y el Consejo Nacional para la Atención Integral a la Población Desplazada por la Violencia (CNAIPD) para todo lo relacionado con la atención a desplazados.

En el 2011 se expide una ley en el congreso de la república en la que se exponen los derechos y garantías de la población y se formaliza una articulación nacional y departamental para atender los ciudadanos en esta condición bajo las especificidades de sus territorios. Dicha norma conforma el Sistema Nacional de Atención y Reparación Integral a las Víctimas, el Comité Ejecutivo para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas y la Unidad de Atención y Reparación Integral a las Víctimas, encargada actualmente de coordinar todas las acciones de atención integral a las víctimas de desplazamiento forzado. La última modificación en el tema sucedió con el decreto 0790 de 2012 que traslada las funciones Sistema Nacional de Atención Integral a la Población Desplazada por la Violencia al Sistema Nacional de Atención y Reparación Integral a las Víctimas y del Consejo Nacional de Atención Integral a la Población Desplazada, al Comité Ejecutivo para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas.

Frente a la problemática no se puede negar que el Estado colombiano ha tomado medidas y creado agencias para la atención de esta población, pero el conflicto armado que es el principal causante de este no ha cesado y por lo tanto las víctimas tampoco. En el actual gobierno se están llevando a cabo negociaciones con uno de los actores del conflicto y por tanto se espera que su buen término traiga consigo la reducción del número de personas obligadas a abandonar sus tierras.

4. CULTURA POLITICA Y DESPLAZAMIENTO FORZADO

Bello (2000:13) nos dice que el desplazamiento forzado tanto como los sucesos que lo preceden conlleva a serias repercusiones de orden político, económico y demográfico. También genera efectos en el ámbito psicosocial y cultural poco explorados en el país. Las personas en situación de desplazamiento se ven obligadas a perder y abandonar no solamente pertenencias y propiedades (territorios geográficos) sino relaciones y afectos construidos históricamente con el entorno, expresados en las maneras propias de vivir y sentir la región, y con los vecinos y familiares (territorios de vida), es decir el desplazamiento

también destruye comunidades (identidades colectivas) en tanto desestructura mundos sociales y simbólicos, provocando de este modo rupturas sobre creencias, valores, practicas, formas y estilos de vida.

La imagen que una persona víctima del desplazamiento tiene sobre sí mismo, se ha construido históricamente y les ha permitido diferenciarse o distinguirse de otros y al mismo tiempo ser reconocido por otros (reconocimiento), y desestructurada y reconstruida a la luz de nuevas realidades y posiciones sociales que están obligados asumir (Bello, Cardinal Martín, & Arias, 2000, pág. 142), en este contexto partimos del objetivo de este trabajo, analizar e interpretar de un lado las condiciones y características distintivas de la población desplazada; es decir que los diferencias de los demás ciudadanos de un territorio especifico como lo es Medellín y de otros sus procesos de inserción a espacios de reubicación ( pequeños y grandes municipios o ciudades) a la luz de las nuevas exigencias de acomodación y cambio que esto trae para ellos, esencialmente en participación políticas ciudadana y comunitaria, a luz de reconocer sus imaginarios sobre participación democrática, actores del sistema político y sujetos de derechos.

En cuanto al concepto de cultura política de los sujetos políticos podemos inicialmente establecer ciertas características, Según Jacqueline Peschard, Toda sociedad construye una forma de representarse al mundo y de explicarse los distintos fenómenos tanto naturales como aquéllos en los que interviene el hombre. La cultura es el conjunto de símbolos, normas, creencias, ideales, costumbres, mitos y rituales que se transmite de generación en generación, otorgando identidad a los miembros de una comunidad y que orienta, guía y da significado a sus distintos quehaceres sociales. 

La cultura da consistencia a una sociedad en la medida en que en ella se hallan condensadas herencias, imágenes compartidas y experiencias colectivas que dan a la población su sentido de pertenencia, pues es a través de ella que se reconoce a sí misma en lo que le es propio. La política es el ámbito de la sociedad relativo a la organización del poder. Es el espacio donde se adoptan las decisiones que tienen proyección social, es decir, donde se define cómo se distribuyen los bienes de una sociedad, o sea, que le toca a cada quién, cómo y cuándo. Los valores, concepciones y actitudes que se orientan hacia el ámbito específicamente político, es decir, el conjunto

de elementos que configuran la percepción subjetiva que tiene una población respecto del poder, se denomina cultura política.

La cultura policía no es algo homogéneo, se puede considerar que la cultura política en una cierta sociedad está constituida normalmente por un conjunto de subculturas, es decir, de actitudes normas y valores diversos que frecuentemente se oponen entre sí. Entendemos que los valores políticos pueden verse condicionados por la historia, la estructura social y la experiencia directa de la gente con el funcionamiento del sistema político.
Nos dice Jacqueline Peschard acerca de la forma como orientamos nuestro sentido del mundo político; Hay tres grandes tipos de orientaciones:

1) la cognoscitiva, que se refiere a la información y el conocimiento que se tiene sobre el sistema político en su conjunto y sobre sus roles y sus actores en particular;

2) la afectiva, que se refiere a los sentimientos que se tienen respecto del sistema político y que pueden ser de apego o de rechazo; y

3) la evaluativa, que se refiere a los juicios y opiniones que la población tiene acerca del sistema político.

Para Jacqueline Hay dos grandes objetos políticos hacia los que se dirigen estas orientaciones: 1) el sistema político en general o en sus distintos componentes (gobierno, tribunales, legislaturas; partidos políticos, grupos de presión, etc.); y 2) uno mismo en cuanto actor político básico.

Los sistemas de gobiernos deberían contar con una cultura política adecuada, esto es, factores y símbolos referentes al campo de la política que estuvieran lo suficientemente socializados en la población. De allí que podemos utilizar la frase de Consuelo Corredor (1992) con la cual caracteriza a Colombia: “en Colombia se ha dado una modernización a medias y una caricatura de modernidad”, lo cual explica la difícil situación que atraviesa la cultura política colombiana. 

Estamos asistiendo al siglo XXI con un estado que no ha logrado consolidar los puntos mínimos de modernidad, en cuanto a monopolizar cualquier forma de violencia, controlar las políticas monetarias y fiscales, consolidar un mercado interior, delimitar y hacer presencia en todo el territorio (soberanía) integrar los grupos sociales dentro del territorio (nación), y centralización del poder estatal, favoreciendo la aparición de poder locales y regionales, este último factor causado por unas élites nacionales permeables a viejas relaciones de poder locales y regionales representadas en los partidos políticos, por tanto el poder del estado está supeditado a estos actores, evitando la consolidación de la unidad e integración nacional, generando en estas regiones procesos de autorregulación política.

La importancia de la cultura política y su conexión con la estabilidad política y el desempeño gubernamental se hace más que evidente si consideramos que la supervivencia y la eficacia de un gobierno depende en buena medida de la legitimidad que posea a los ojos de los ciudadanos, es decir de la coincidencia que haya entre lo que concibe y espera la población de las estructuras políticas y el desempeño de estas. Es así como la legitimidad de un sistema o gobierno recae en gran medida en la población que lo conforma, en sus ciudadanos, en sus juicios u orientaciones evaluativas, cognitivas y afectivas. Para el caso afrocolombiano en robledo es claro que lo que conciben y esperan del sistema o gobierno contrasta con una realidad oscura y nublada para estos, ya que su accionar está dirigido en gran medida a recibir beneficios o resultados del sistema, resultados que no siempre llegan o dicho de otra

manera, raramente llegan. De allí que podríamos plantear entonces que la legitimidad que puede llegar a tener en él. Hay dos grandes objetos políticos2 hacia los que se dirigen las orientaciones de los individuos o sujetos de un sistema:

1) El sistema político en general o en sus distintos componentes (gobierno, tribunales, legislaturas, partidos políticos, grupos de presión, etc.)

2) Uno mismo en cuanto actor político básico. (Corredor, 1994)

En cuanto esto los desplazados, se ven permeados por cambios generados a nivel personal y social se encuentran estrechamente ligados al lugar de origen y al ámbito educativo. Al lugar de origen, porque se sostienen sentimientos de temor por lo que les pueda pasar a ellos o a sus familiares, en caso de regresar al seno de sus hogares. En el ámbito educativo, el cambio se genera por la imposibilidad de volverse a integrar a una universidad a otra educación o vida laboral, en las ciudades de llegada. 

Con relación a las representaciones sociales que las personas desplazadas por violencia política construyen sobre participación, en Colombia no es posible abordar el problema del autoritarismo, la violencia y la exclusión, ni tampoco abonar los cimientos de la cultura democrática, si no se ahonda en las estructuras políticas y socioculturales, económicas y emocionales que sostienen estas tendencias. En torno de las actitudes frente a la participación, se concluye que en Colombia hace falta estimular los procesos de participación, y, el conocimiento acerca de ellos, para, sensibilizar y concienciar a las personas y comunidades entorno a la importancia de empoderarse y participar o movilizarse ya sea el caso; debido a hacer valer sus derechos o de mejorar sus necesidades básicas o dar a conocer las problemáticas que afectan su entorno social.

“No es fácil el proceso de aprendizaje de la participación democrática. Pero esta dificultad no debe servir de coartada para impedirlo o para debilitarlo. La verdad es que a participar se aprende participando. Y este ejercicio democrático, siempre en proceso de perfeccionamiento, es el que va a asegurar la auténtica calidad de la vida democrática” (Ulloa, 1994). La ruptura de las lógicas territoriales de participación democrática ha derivado en un escenario profundo de desterritorialización y desarraigo político de la población desplazada que, por regla general, no ha contado con garantías para participar en la democracia local, porque ha sido excluida de sus territorios y tiene relaciones diferentes con su sitio de llegada. Es importante avanzar en la superación de esta barrera a partir de garantías efectivas de participación directa en espacios y organismos de democracia local, regional y nacional.

El riesgo de la población en general en momentos electorales se incrementa en la medida que se limitan las libertades democráticas tanto para los electores como para los candidatos. Como lo afirmó CODHES para las elecciones de 2007, “elegir y ser elegido es un derecho limitado en zonas donde la guerra, toda vez que persisten diferentes formas de presión pueden distorsionar o afectar los resultados de los comicios” Misión de Observación Electoral (2007).

En cuanto esto, la cultura política democrática está sustentada en la noción de ciudadanía, un grupo de individuos racionales, libres e iguales ante la ley, que conforma el sujeto por excelencia de la cosa pública y de la legitimación del poder, puesto que la fuente primaria y última del poder es la voluntad del pueblo, es decir, de la ciudadanía. La noción de ciudadano se expresa nítidamente en el término elector (o votante) que es una categoría jurídico-política que iguala a los individuos entre sí, cada elector independientemente de su situación social particular tiene el mismo peso al ejercer su derecho al sufragio (Jacqueline Peschard). De este modo la ciudadanía es reducida al simple hecho de sufragar y por ese conducto a elegir a sus gobernantes. 

El principal elemento que encontramos en la observación realizada en el contexto de esta investigación es la heterogeneidad de la población en el lugar. Los ciudadanos en sus diferencias culturales encuentran en común el referente de la violencia, su único victimario. Claramente lo expresa María Teresa Uribe en su libroNación, ciudadano y soberano: “en las territorialidades bélicas predomina la heterogeneidad de las poblaciones que las habitan, la complejidad de su composición social y cultural, donde el referente colectivo más fuerte parece ser el de las heridas morales por su condición de víctimas de un conflicto de larga duración y una historia de refugios, resistencias y rebeldías.”

En el mismo sentido Uribe expone como elemento causante de desplazamiento la disputa de soberanías existente en Colombia. La violencia como eje articulador de la cultura política en Colombia que bien da cuenta de la cultura política en la población desplazada pues son los perjudicados más directos. Resulta entonces las soberanías en disputa como un elemento de análisis interesante pues da cuenta de manera generalizada pero precisa del fenómeno de paramilitarismo, guerrillas y fuerza pública: “Si bien esta disputa de soberanías alternativas fractura esa nosotros precario de las territorialidades bélicas y descompone el tejido social de las regiones, también es cierto que va configurando otras redes, otros circuitos de poder y otras representaciones colectivas…” Encontramos que no hay una identidad propia con el territorio pues éste no es al que pertenecen, cuando se desplazan a otro lugar de alguna manera se aíslan ciertas prácticas y costumbres para crear otras redes de sociabilidad, lo que la autora llama “circuitos de poder y representaciones colectivas” que desencadenan diferentes lógicas o formas de interacción.

Como resultado de la misma soberanía en disputa se pone en juego los derechos de las personas que padecen el flagelo inicialmente con la obligación de abandonar su territorio, pero después con la necesidad de crear otras identidades diferentes a la propia y con la disminución de su calidad de vida pues a donde se ubiquen tendrán que pasar necesidades para acoplarse y buscar otras maneras de obtener recursos. Como afirma María Teresa, la ciudadanía es virtual y los derechos de los derechos de los actores sociales, aunque consagrados institucionalmente, no son amparados por ninguno de los órdenes en disputa.

5. EL DESPLAZAMIENTO FORZADO EN MEDELLÍN.

En la ciudad de Medellín recibe al día, en promedio, entre 35 y 40 declaraciones por desplazamiento forzado, de las cuales unas 20 corresponden a desplazamientos forzados intraurbanos; adicional, es procedente deducir que a la ciudad puede arribar población desplazada proveniente de otros lugares de Colombia, en busca de mejores oportunidades y ya incluida en el RUPD, lo que implica que no hay declaración, no obstante, de esto no hay registro. En general, Medellín entonces está permanentemente recibiendo población desplazada. Esta población víctima del desplazamiento forzado se ha ido asentando en mayor o menor número en las 16 Comunas y en los 5 Corregimientos de la ciudad; si bien hay zonas de mayor impacto, se entiende entonces que el territorio local en su conjunto se relaciona con esta población. Las Comunas que registran mayor cantidad de población desplazada, por encima de las 10 mil personas, son en su orden: Villahermosa (15,3%), Manrique (11,7%), Popular (11%) y San Javier (10,7%). Las que menos registran son Guayabal (0,7%), La América (0,33%), y El Poblado y Laureles, ambas con un 0,04% (secretaria de bienestar social, Alcaldía de Medellín, 2011, pág. 4).

La comuna 8 Villa hermosa, lugar de esta investigación, está Conformado según el plan de desarrollo local de la comuna 8 (2008-2018), por diez nodos diferentes en los que se conforman diferentes identidades barriales, pero para lo que ataña a esta investigación dos de eso nodos representan un tratamiento especial en tanto son barrios de reciente formación conformados por poblaciones en su mayoría desplazados, estos son: los nodos 9 Altos de la Torre: Este nodo es de Tratamiento Especial, y está conformado por los sectores de Altos de la Torre y Pacífico, en la parte alta de los barrios 13 de Noviembre y Llanaditas y 10. Esfuerzos de Paz: Este nodo es de Tratamiento Especial, y está conformado por los sectores de Esfuerzos de Paz I, Esfuerzos de Paz II, Unión de Cristo, La Esperanza y Las Torres (Corporación para la Paz y el Desarrollo Social - CORPADES, 2007).

La población víctima del desplazamiento forzado ha ido ocupando habitacionalmente el territorio de Medellín de diversas formas, los asentamientos humanos irregulares, núcleos de población establecidos no legalmente en áreas o predios localizados y en condiciones de vida adversas, son una forma concreta de hacerlo.

Los asentamientos históricamente se han conformado como zonas marginales, surgen a partir de exclusiones estructurales y se desarrollan obedeciendo no a lógicas planificadas sino a lógicas de supervivencia para protegerse en las ciudades[3].

A la fecha, la Gerencia para la Atención a la Población Desplazada, adscrita a la Secretaría de Bienestar Social, posee identificados 56 asentamientos de población víctima del desplazamiento forzado, ubicados en 12 de las 16 comunas y en 2 de los 5 corregimientos. Las Comunas con el mayor número de asentamientos son las mismas referenciadas en párrafos atrás que reportan el mayor número de personas desplazadas, en su orden Villa Hermosa, San Javier, Manrique y Popular (secretaria de bienestar social, Alcaldía de Medellín, 2011).

Finalmente, al contexto de esta investigación utilizamos la metodología cuantitativa para realizar una aproximación a la cultura política del desplazado colombiano, para ello encuestamos a por lo menos 15 personas de diferentes sectores del Barrio Villa Hermosa de la Comuna 8 de Medellín, cuyos resultados se ven reflejados en el análisis teórico anterior como en las conclusiones de este trabajo.

Esta encuesta se basó en el análisis de los siguientes indicares de cultura política:

imaginarios
Ciudadanía
Democracia
Movilización social
Lo público
Lo privado
Creencias
Sistema político
Organización social
Participación
Participación ciudadana
Participación política
Orientaciones
Derechos humanos
Sistema político colombiano
Tabla 1: Indicadores de cultura política.
6. CONCLUSIONES
La construcción de una sociedad democrática requiere medidas de impulsar la construcción de instituciones que funcionen a partir de los principios de legalidad, pluralidad, competencia, responsabilidad política, es decir, a partir de principios democráticos. A partir de ahí se promoverá la participación objetiva y clara de los ciudadanos que confía planamente en las funciones e intuiciones del estado creando capital social.
El Estado se enfrenta al reto de fortalecer la capacidad institucional para la atención de la población en situación de desplazamiento, de tal forma que sea posible involucrar, articular y focalizar conjuntamente los recursos y esfuerzos de las entidades del nivel nacional y territorial, garantizando la participación de la población afectada. Así mismo, se plantea un gran desafío para fortalecer las acciones encaminadas a la prevención del desplazamiento forzado por la violencia con
plena participación y compromiso de las autoridades departamentales y municipales.
Es necesario promover políticas que garanticen la No discriminación de la población desplazada en sus territorios, permitiendo fortalecer a través de políticas, programas y acciones afirmativas la reinserción del pleno ejercicio ciudadano en cada nivel de la democracia en el país. Garantizando educación y pleno empleo que favorezca la organización e incidencia del desplazado en el sistema político.
Como pilar fundamental de una cultura democrática se deben fortalecer el desarrollo de la sociedad civil organizada, por tanto, se deben entregar incentivos positivos, garantías materiales y jurídicas para que las organizaciones que han creado la población en situación de desplazamiento y las víctimas pueden tener un libre desarrollo de su misión, y sean tenidas en cuenta en la vida política-electoral según corresponda en cada territorio.
La experiencia de esta investigación conlleva a la reflexión que educar en la democracia participativa, requiere de la relación permanente entre la familia, el ámbito educativo y los contextos sociales desde los cuales operan las personas. No es posible pensar una propuesta que desconozca la realidad de la violencia política desde el entorno global, como tampoco generar cambios estructurales si dichas realidades no se evidencian, no se visibilizan y no se reflexionan.
En Colombia no existe una concierna del voto, las personas no se ven reflejados sus intereses en los partidos que los representan, y terminan optando por organizaciones comunitarias, más que elegir las opciones estatales de participación política, hay un total desconocimiento de los mecanismos de participación ciudadana.
Finamente, es importante mencionar que falta más educación en materia de derechos humanos en Colombia, las personas desplazadas poco conocen sus derechos, no conocen las instituciones de atención a la población en situación de desplazamiento, y no hay consciencia de los que son los derechos humanos ni las leyes que los protegen.

REFERENCIAS

Bello, M. N., Cardinal Martín, E., & Arias, F. (2000). Efectos psicosociales y culturales del desplazamiento forzado. Santa Fe de Bogotá D.C., Colombia: Universidad Nacional de Colombia.

CODHES. (2013). CODHES IFORMA, Boletín de la consultoría para los derechos humanos y el desplazamiento, número 81. Bogotá: CODHES.

Corporación para la Paz y el Desarrollo Social - CORPADES. (2007). Plan de desarrollo local, comuna 8 2008-2018. Medellín: El retorno.

Grupo de Memoria Histórica. (2013)¡Basta ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad. Bogotá: Imprenta Nacional.

Secretaria de bienestar social, Alcaldía de Medellín. (2011). Análisis descriptivo asentamiento y movilidad. Medellín: Alcaldía de Medellín, Unidad de Análisis y Evaluación de la Política Pública.

Corredor, Martínez Martha, (1994). Los límites de la modernización. CINEP. Bogotá, Colombia.

Uribe, María Teresa. (2001). Nación Ciudadano y Soberano. Medellín. Corporación Región.

Ibáñez Londoño, Ana María. (2009). El desplazamiento forzoso en Colombia: un camino sin retorno hacia la pobreza, Bogotá – Colombia, Ediciones UNIANDES.

CODHES INFORMA (2012). Desplazamiento creciente y crisis humanitaria invisibilidad, Boletín de la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento Número 79 - Bogotá, Quito, CODHES marzo de 2012.

Segura, Naranjo Martha. ed. (2001). Éxodo, patrimonio e identidad. Bogotá. Litografía Arco
Cepeda Ulloa. Fernando. (Com.). Ley Estatutaria “Instituciones y mecanismos de participación ciudadana”.

Universidad de los Andes- programa Universidad y Gestión Pública. 1994.

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http://www.semana.com//nacion/articulo/desplazamiento-colombia-es-el-pais-con-mas-desplazados-en-latinoamerica/387275-3

Ley 387 de 1997, Colombia, 18 de julio de 1997.

Ley 1448 de 2011, Colombia, 10 de junio de 2011

Decreto 0792 de 2011, Colombia, 20 de abril de 2012.

Jacqueline Peschard, La cultura política democrática, instituto federal electoral, México en http://www.ife.org.mx/documentos/DECEYEC/la_cultura_politica_democratica.htm

Revista Tendencias & Retos Nº 13 / octubre 2008
  






[1] Se entiende como desplazamiento masivo a aquellos sucesos que afecta a 50 personas o más o a 10 familias en adelante. CODHES.
[2] Se entiende como desplazamientos múltiples a aquellos sucesos que afectan entre 15 y 49 personas, o a entre 3 y 9 familias. CODHES.
[3] “Los asentamientos humanos en las diversas configuraciones físico-espaciales se generan por las dinámicas diferenciales de distribución de la población, por las distintas formas de transformación, apropiación, ocupación y construcción social del territorio, que impactan positiva o negativamente las condiciones y calidad de vida de las personas y de las sociedades; en este sentido, los fenómenos y el sistema de relaciones socioculturales, económicas y políticas se expresan en las unidades territoriales geográficamente delimitadas y al mismo tiempo en las dinámicas de agregación urbano regionales”. Acuerdo 046 de 2006, por medio del cual se adopta el POT para Medellín, Capítulo V, artículo 133.

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